Cuando uno emplea 100 minutos de su vida en ver uno de los bodrios más enormes de la historia del cine, uno se siente mal y triste por la cantidad de cosas que podría haber hecho con ese tiempo.
Total, que Brendan Fraser vuelve a tener que pelearse con otra momia, esta vez algo más exótica, Jet Li, que tiene ganas de dominar todo el planeta.
Las escenas tratan de emular a las históricas del enorme indy, claro que no le llegan ni a la rabadilla de la peor de las secuencias de la saga del mítico aventurero.
Tópicos de buenos y malos, metraje demasiado largo, pseudoaventuras de medio pelo… Todo un buen cocktel de malos ingredientes. Se trata, no de una película infantil, sino infantiloide.
¿Os habéis sentido tan estafados como yo?


















